Tratamiento del quiste sebáceo

Un quiste sebáceo es un bulto que se desarrolla dentro de la piel y que está formado por un material sebáceo de aspecto oleoso o carnoso. Estas pequeñas protuberancias, que se mueven libres por debajo de la piel, suelen aparecer en la dermis de la cara, la espalda, el cuello o la parte alta del pecho. En la mayoría de los casos aparecen tras la inflamación de los folículos pilosos, pero también existen numerosos casos en los que estas protuberancias se desarrollan tras un trauma cutáneo. El crecimiento de estos quistes es lento e indoloro para aquellos que los tienen. Y aunque su tamaño varía según el paciente, puede medir desde dos milímetros hasta varios centímetros.

A la hora de hacer un buen diagnóstico, el dermatólogo realizará una biopsia, pero es cierto que en este tipo de alteración dermatológica, en muchas ocasiones no es necesario realizar una prueba médica, ya que en un simple examen visual y manual de la piel el médico llega al diagnóstico adecuado.

En muchas ocasiones existe la posibilidad de que los quistes se infecten y los principales síntomas a través de los cuales sabemos que ha ocurrido son:

  • Un aumento notorio de la sensibilidad en la zona de piel donde se encuentran los quistes.
  • Un calentamiento de la zona.
  • Y por último, un enrojecimiento de la dermis.

Si la infección no se corrige, estos quistes pueden llegar a provocar dolor en el paciente, afectando a su vida normal.

Generalmente este tipo de quiste no necesita un tratamiento específico, en incluso en gran cantidad de casos desaparecen de forma espontánea. Pero si éstos están gravemente infectados o se inflaman notoriamente, el médico prescribirá un tratamiento basado en antibióticos, además de drenar el líquido del quiste realizando un pequeño corte en la piel.

Además de este tratamiento, también se recomiendan curas más caseras como poner una compresa caliente sobre la zona afectada para provocar el drenaje del quiste y su posterior desaparición.

Mayoritariamente estos quistes se desarrollan en adultos y tienen una incidencia muy baja en los niños pequeños. Además, pueden persistir en el paciente durante meses, e incluso años, pero no debemos preocuparnos ya que no entraña riesgo alguno para el paciente afectado.


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